3).------------ ESTUDIANDO NUESTRO FUTURO.
3-2).---------- VIEJA EDUCACION Y "NUEVA ECONOMIA".
Este orden respondía a la fase histórica capitalista anterior, ya caducada aunque con restos todavía vivos. Antes, el grueso de la economía se realizaba dentro del marco estatal o a lo sumo dentro del espacio interestatal más cercano, continental, y toda la estructura productiva y la misma "ciencia económica" actuaba por y para esos límites. Ahora, la mundialización está llegando a cotas absolutas y los marcos anteriores ya no son los determinantes sino, a lo sumo, accesorios, secundarios. Antes, la informática apenas era operativa en la marcha económica; ahora rompe las barreras espacio-temporales, conceptuales y planificadoras, uniformizando e imponiendo el mismo tiempo real. Antes, las grandes empresas eran multinacionales que todavía no habían roto las relaciones con sus Estados respectivos; ahora las grandes corporaciones ya no necesitan a los tres grandes Estados, y apenas a los tres bloques interestatales continentalizados. Antes, el sector industrial dominaba absolutamente, y el I+D era industrializado regularmente; ahora, el sector industrial depende del proceso comercializador entero y de la inmediata aplicación productiva del I+D. Antes, los stocks almacenados permitían una satisfacción normal de la demanda; ahora la demanda exige una producción múltiple, flexible e inmediata.
La anterior fase histórica capitalista aseguraba, al menos en el centro del sistema, altas tasas de empleo permanente y muy baja precariedad e inseguridad existencial. La máquina educativa producía un esclavo-obrero para la cadena taylor-fordista; un esclavo-consumidor para absorber esa inmensa masa de mercancías; un esclavo-ciudadano feliz con la regulación keynesiana; un esclavo-electoral cumplidor de los ritos parlamentarios, un esclavo-sexual obnubilado por el consumo erótico de masas, etc. La máquina educativa funcionó relativamente bien hasta que el sistema empezó a chirriar por dentro y el capital lanzó la contraofensiva neoliberal de comienzos de los ochenta. Las nuevas juventudes obreras y populares, azotadas por cambios bruscos y sísmicos, respondieron con múltiples formas de resistencia difusa e instintiva, desorganizada, muchas veces carente de toda perspectiva de futuro, y hasta manipuladas. Pero el sistema educativo se demostró incapaz de digerir esa realidad explosiva. Desde finales de los ochenta y durante todo los noventa, este fracaso no ha hecho sino aumentar y agravarse.
Frente a esto, el orden educativo actual tiene dos urgencias inmediatas; de un lado, debe seguir disciplinando y alienando a la juventud dentro del actual contexto político-económico de opresión nacional y situación mundial y, a la vez, por otro lado, debe satisfacer las demandas de la "nueva economía" para poner a su disposición una fuerza de trabajo suficientemente formada. Sin embargo, tanto la política educativa neoliberal que realiza la burguesía vasca y los Estados español y francés como, además, la pesada tradición de la burocracia educativa, ambos factores hacen que, como siempre, sólo una parte muy determinada del estudiantado adquiera mediante la educación oficial la formación básica para las necesidades productivas capitalistas actuales. El resto, como casi siempre, las ha de aprender en el mismo proceso de trabajo.